La Dra. Sandra Jareño Ripoll, de la 16ª promoción y psicóloga forense e investigadora en el servicio de instituciones penitenciarias en Nottingham, nos habla de su logro más reciente tras convertirse en autora publicada, así como del camino educativo que la condujo a este campo profesional.
¿Qué te inspiró a decantarte por el campo de la psicología?
¡Ojalá tuviera una respuesta más interesante! La realidad en mi caso es que, simplemente, hubo algo que hizo “clic”. Siempre me había interesado la psicología: qué es lo que mueve a las personas, tanto en sus mejores facetas como en las peores. Sencillamente me dejé llevar por ese interés y, a cada paso que daba, sentía con más fuerza que estaba en el “camino correcto”.
Tuve la gran suerte de contar con el apoyo de mi entorno desde muy joven. En casa siempre se mostraron abiertos a comprarme libros, incluso de psicología y criminología, que probablemente les resultaban un poco extraños. Sentían curiosidad por lo que me interesaba, hablaban conmigo de ello y nunca me frenaron. Sinceramente, no creo que hubiera llegado a donde estoy sin ese apoyo inicial.
Además, siento que en Caxton College disfruté sin duda de un espacio seguro para explorar mis intereses. Las clases de Psicología con Ms. Brunell, que me permitieron empezar a adentrarme en la materia desde GCSE, fueron sin duda un primer paso en la dirección adecuada. Y, por supuesto, Sociología con Ms. Wisden fue otro gran trampolín. La variedad de temas, especialmente los más forenses, me ayudó muchísimo a sentirme a gusto investigando y comprendiendo este ámbito. Recuerdo una pregunta en la que teníamos que reflexionar sobre los obstáculos prácticos a la hora de realizar investigaciones en prisión; se planteaban cuestiones como: “¿Es seguro darle un lápiz a un interno o lo utilizará como arma?” (Hasta la fecha, según mi experiencia, la respuesta es que un lápiz no suele dar problemas, ¡pero siempre hay que estar alerta a la seguridad de la situación!). El hecho de poder ser consciente de esos riesgos, planificarlos, tenerlos en cuenta y, aun así, mantener el interés por seguir indagando, fue lo que definitivamente me animó a continuar en este campo.
Por último, nunca me cansaré de elogiar el papel que tuvieron el GCSE y A-Level de Literatura Inglesa en mi desarrollo dentro de la psicología. La formulación psicológica y el análisis de textos tienen muchísimo en común: intentas encajar pistas —sin saber nunca a ciencia cierta si se dejaron ahí a propósito— para dar sentido y comprender un todo coherente. Intentar desgranar el verdadero significado de un poema y cómo el autor pudo verse afectado por el contexto de su época es asombrosamente similar a comprender el significado de las acciones de una persona y cómo influyeron en ella sus circunstancias y su crianza.
Y, por supuesto, Mr. Miller y Ms. Shaw fueron absolutamente brillantes a la hora de ayudarme a vincular mis intereses con mis estudios. Uno de los títulos de mi trabajo del curso de A-Level de Literatura Inglesa fue: “¿Hasta qué punto los textos elegidos (Lolita, de Vladimir Nabokov, y El coleccionista, de John Fowles) constituyen una crítica moral más que una subversión del género romántico?” Si eso no define a una futura psicóloga forense, no sé qué lo hace.
Así que sí, tenía una pasión, un interés que sentía como algo muy innato. Pero a cada paso busqué la forma de experimentarlo y explorarlo, y tuve la suerte de contar con apoyo en ese empeño. Lo más importante que intento transmitir es que las oportunidades para llevar a cabo esta exploración a veces surgían de los lugares más inesperados, y mantener los ojos bien abiertos para aprovechar las opciones que tenía a mi alcance desde joven fue clave para consolidar mi confianza en este campo.
¿Qué camino te llevó a realizar la investigación necesaria para el libro que acabas de publicar, Supporting Healthy Emotion Regulation and Behaviour Expression Treatment (SHERBET)?
Me mudé al Reino Unido para estudiar y, mientras cursaba el grado de Psicología, empecé a trabajar como voluntaria con niños, niñas y jóvenes vinculados al sistema de justicia penal. Impartía sesiones de rehabilitación a menores de entre 12 y 17 años en diversas áreas: relaciones afectivas sanas, concienciación sobre las víctimas, abuso de sustancias, conducción segura, resolución de conflictos... Pero mi especialidad siempre fue la delincuencia por arma blanca.
Cuando pasé a realizar el doctorado en Psicología Forense, centré mi tesis en la juventud implicada en este tipo de delitos. Era un tema de gran actualidad en el Reino Unido, pero sentía que los medios de comunicación y la prensa sensacionalista lo trataban de forma injusta, buscando generar alarmismo. Por aquel entonces, yo ya llevaba unos años trabajando con jóvenes que habían portado armas blancas o se habían visto envueltos en estos delitos. Sabía que, lejos de ser simplemente chicos violentos y antisociales, eran menores con traumas, miedos y una falta absoluta de recursos y herramientas para gestionar los entornos tan difíciles en los que vivían.
La investigación que llevé a cabo a lo largo de mi doctorado me permitió justificar la necesidad de una intervención de apoyo temprano para intentar evitar que la juventud se involucrara en la delincuencia por arma blanca y otros comportamientos violentos. Las intervenciones de aquella época no profundizaban lo suficiente en la gestión de la ira y las necesidades de regulación emocional que subyacían a esa conducta.
A la par que realizaba este trabajo, hacía mis prácticas de especialización, donde tuve la gran suerte de trabajar con una gran variedad de niños, niñas, jóvenes y sus familias. Recalé en el equipo de apoyo a la salud mental (MHST) y me di cuenta de que faltaba ayuda temprana para aquellos jóvenes a los que les costaba gestionar sus emociones, especialmente la ira. A estos menores se les señalaba por sus problemas de conducta, los dejaban de lado en los grupos de amistades, los expulsaban de las clases, de los colegios... Precisamente el perfil de alumnado con riesgo de desarrollar conductas antisociales en el futuro.
Este sector de estudiantes se quedaba en tierra de nadie. Sus casos no eran lo suficientemente graves como para que los asumieran los servicios de salud mental infantil y juvenil, pero los servicios de atención temprana como el MHST aún no disponían de las herramientas para trabajar con ellos. Así que, junto con el MHST de Nottingham, creé una herramienta específica. La probamos en varios colegios, recopilamos opiniones y medimos los resultados. No solo descubrimos que el programa gustaba a los centros y al alumnado, ¡sino que realmente les beneficiaba! En el colegio se notó una reducción significativa de estos “problemas de conducta” y los menores se sintieron más seguros y capaces de comunicarse.
Me siento muy orgullosa del impacto que tuvo SHERBET en aquellos primeros colegios y supe desde el primer momento que, si se le daba la oportunidad, podría lograr un cambio enorme. Aposté por este libro, aposté por mí misma y busqué la forma de publicarlo para que llegara al mayor número de personas posible. Por suerte, la editorial Routledge también creyó en SHERBET.
Llevas ya varios años estudiando, viviendo y trabajando en el Reino Unido. ¿Qué papel crees que desempeñó Caxton College a la hora de encaminarte hacia una trayectoria profesional internacional?
Creo que lo más bonito de Caxton College es que te da la capacidad de elegir. En mi caso, esa elección se tradujo en estar expuesta a diferentes idiomas, culturas y formas de aprender. Cuando terminé la etapa escolar, tras 17 años en el centro, hablaba con total fluidez español, inglés y francés. Había estado en contacto con una gran riqueza cultural y de experiencias gracias a la diversidad del profesorado y de mis propios compañeros.
Sin embargo, la decisión más importante que tomé tuvo que ver con mi aprendizaje. A lo largo de toda mi etapa educativa tuve la oportunidad de probar tanto el sistema educativo español como el británico. Mi mente siempre se sintió más identificada con el estilo de aprendizaje británico. Nunca se me dio muy bien memorizar cosas, y saqué el máximo partido a las aplicaciones prácticas, las interconexiones y los trabajos evaluables (coursework) que hacía en las asignaturas de inglés. Gracias a estas experiencias, me di cuenta de que necesitaba ir a una universidad del Reino Unido para aprovechar de verdad la educación superior.
Incluso ahora, Caxton me permite mantener esa faceta internacional al seguir conectada con España. Me encanta poder aportar mi granito de arena a la comunidad, por lo que suelo ofrecer charlas en el colegio (algunas de forma telemática) sobre temas muy variados, como qué implica estudiar en el Reino Unido o trabajar en el ámbito de la psicología. ¡Incluso a través de este blog mantengo los lazos al otro lado del charco!
¿Qué recomendaciones harías al alumnado actual de Caxton College?
Si tuviera que pediros que os quedarais con una sola cosa de este blog, sería que mantengáis la curiosidad. Tenéis muchísimas oportunidades aquí en Caxton College (y muchas otras que os esperan en el futuro), y no todas van a estar conectadas de forma evidente con el camino que queréis seguir. Mantener la curiosidad para explorar distintas opciones, asignaturas, idiomas y culturas os permitirá exprimir al máximo todo lo que se os ofrece y, con suerte, os acercará un paso más al lugar donde queréis estar.
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