Nuestros docentes 15 may. 2026

El “efecto Stoppard”: por qué las humanidades son las nuevas competencias esenciales

Por Tim Robinson, profesor de Secundaria en Caxton College en Puçol

 

Cuando Sir Tom Stoppard (el célebre dramaturgo y guionista británico) falleció el pasado mes de noviembre, el tributo más sorprendente en The Times no procedía de otro autor teatral. Venía del profesor Michael Baum, pionero en el tratamiento del cáncer de mama.

Durante décadas, la oncología se había abordado como un problema de fontanería: algo lineal, mecánico y previsible. Baum admitió que bastó una sola frase de la obra de Stoppard de 1993, Arcadia, para provocar un “eureka” conceptual. Al filtrar la teoría del caos a través de la mirada de una joven prodigio del siglo XIX, Stoppard ofreció a Baum una visualización de la propagación no lineal del cáncer en la que nadie había reparado antes. Esa chispa, nacida de las humanidades, ayudó a dar a luz a la quimioterapia sistémica adyuvante, un avance que ha salvado millones de vidas. Como dijo el propio Baum: “Stoppard nunca supo cuántas vidas salvó”.

Durante veinte años, el mensaje de los colegios y los gobiernos ha sido incesante: las disciplinas STEM son la llave del reino. Hemos incentivado a toda una generación a perseguir las llamadas hard skills (competencias técnicas) como el único seguro de vida ante un mundo cambiante. Y, hasta ahora, era una apuesta lógica.

Sin embargo, como señaló recientemente John Burn-Murdoch, analista del Financial Times, la ventaja salarial de las matemáticas puras se está evaporando. Esto ocurre porque hemos creado herramientas capaces de procesar datos, cuadrar balances y escribir código en Python en segundos. El talento puramente cuantitativo ya no es el recurso escaso que solía ser. Lo que el mercado empieza a ansiar (y a remunerar) de verdad es una alta percepción social, capacidad de persuasión y la habilidad para coordinar sistemas humanos complejos.

En esta nueva realidad, el verdadero refugio frente a la automatización no es saber programar; es saber moverse en un campo de minas ético o ser capaz de contar una historia que realmente conmueva a un consejo de administración. No son simples “habilidades blandas”. Son las competencias centrales de una educación clásica.

En cierto modo, esto no es nada nuevo, ya que muchas de las figuras más influyentes de la historia nunca se limitaron a una sola disciplina. John Locke era un médico que ayudaba al químico Robert Boyle en el laboratorio, utilizando ese rigor científico para inventar la filosofía política moderna. Más recientemente, Steve Jobs, fundador de Apple, afirmaba con frecuencia que el éxito de su empresa solo fue posible gracias a que se situaba en la “intersección entre la tecnología y las artes liberales”.

Cuando el alumnado decide combinar sus A Levels de Matemáticas o Ciencias con una asignatura de humanidades, no solo está protegiendo su futuro profesional. También está aprendiendo a ser esa persona capaz de crear la herramienta y, al mismo tiempo, explicar por qué es importante y cómo encaja en la desordenada, hermosa y no lineal historia de la humanidad.

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