En un mundo que vive pegado a la inmediatez, ¿por qué defender que mirar hacia atrás es la mejor forma de no caminar a ciegas? ¿Qué le aporta la Historia a un joven del siglo XXI?
Creo que es muy fácil ver la Historia como una colección de fechas y de reyes y reinas del pasado, cuando en realidad deberíamos considerarla como un regalo maravilloso. Vivimos en una época de cambios y de saturación informativa, de noticias falsas y algoritmos; la Historia es esa asignatura que nos obliga a frenar y a no dejarnos intimidar por todo eso.
Hoy en día, estando la juventud constantemente bombardeada en internet por fuentes dudosas que afirman tener todas las respuestas, la Historia cobra importancia, ya que es una materia que enseña a analizar la información y a descubrir de dónde procede. El estudiante aprende a plantearse preguntas como: ¿quién ha escrito esto y por qué?, ¿qué estaba pasando en el mundo en ese momento? o ¿cómo sé si lo que dice esta persona es verdad? Quienes estudian Historia no se conforman con una sola versión; buscan diferentes perspectivas, sopesan argumentos y reflexionan sobre ideas complejas.
Además, todo lo que leen nuestros estudiantes, tiene una historia detrás. No podemos comprender ningún conflicto actual, ninguna decisión del gobierno ni ningún avance tecnológico sin entender su pasado.
Todo esto es un regalo porque aporta a la juventud autonomía intelectual para pensar por sí misma. Y, en realidad, eso es un auténtico superpoder.
Desde tu experiencia en las aulas de Caxton College ¿con qué "miedos" o prejuicios se encuentran los estudiantes hoy a la hora de elegir la asignatura de Historia? ¿Sigue pesando esa fama de asignatura "hueso" o demasiado densa?
Creo que, por desgracia, la asignatura de Historia sufre una especie de crisis de reputación. A veces el estudiante se desmotiva cuando ve que tiene que leer y escribir mucho y, hay que reconocerlo, a algunos estudiantes esto les echa para atrás porque su primer instinto les dice que la asignatura es tediosa y difícil. También les cuesta a veces ver cómo se puede relacionar con su futuro profesional. Por eso me dicen cosas como: «Quiero dedicarme a la medicina o montar mi propia empresa, así que no necesito la Historia», cuando en realidad, como ya he comentado, las habilidades que los estudiantes adquieren en las clases de Historia son absolutamente esenciales para comprender el mundo en el que vivimos. Y si quieren orientarse hacia la ciencia o cualquier otro campo, siempre les digo lo mismo: no importa la profesión que elijas, porque en cualquiera necesitarás analizar datos, tomar decisiones basadas en evidencias y valorar la credibilidad de grandes cantidades de información. Necesitarás comprender a las personas, las estructuras de poder y el panorama cultural de nuestro mundo. No es casualidad que las personas más influyentes sean casi siempre las que más han leído, porque, de lo contrario, estarían cediendo su poder a la interpretación que otros hacen de las cosas.
Algo que llama mucho la atención del sistema británico es que no busca que el alumno sea una enciclopedia andante, sino que aprenda a cuestionar las fuentes y a analizar el 'porqué' de las cosas. ¿Es esa profundidad, lo que marca la diferencia en vuestra forma de enseñar Historia en Caxton College?
En Caxton College enseñamos que la verdad rara vez se encuentra en la superficie. Debemos profundizar para llegar a comprender las cosas, y eso requiere tiempo. ¡Hay que tener paciencia! Evidentemente, hay que saber fechas, nombres y lugares, pero este conocimiento apenas roza la superficie de lo que realmente es la Historia.
Queremos preparar a los estudiantes para que sean capaces de detenerse ante un texto, cuestionarlo y leer entre líneas. También, que colaboren entre ellos es fundamental: compartir ideas con alguien que puede no tener tu mismo punto de vista, debatir sobre lo que piensa y, lo que quizás sea más crucial, dejar que se cuestionen sus propias ideas y salir de su zona de confort. Ahí está la belleza de esta asignatura.
Has sido muy clara en tu artículo en la revista 'Tes': el modelo actual de examen puede ser una barrera. ¿Cómo evaluarías a tus alumnos para que demuestren su capacidad de análisis?
Sí, la estructura actual de los exámenes británicos de Historia es dura y exige mucho. Por eso es una asignatura tan valorada en las universidades de élite del Russell Group, como Oxford, Cambridge y la London School of Economics. En mi caso, estudié Historia en dos de estas instituciones.
Creo firmemente que los exámenes de Historia deben ser rigurosos, pero yo haría algunos cambios. Por ejemplo, ofrecería más oportunidades a los estudiantes para evaluar fuentes primarias/históricas, pero dentro de un marco más flexible. Me encantaría que nuestro alumnado pudiera mantener una conversación profesional con quien les examine sobre ellas, como el fragmento de un diario, una carta o un discurso. Considero que una prueba oral sería una forma fantástica de poner a prueba su capacidad de análisis. O ¿por qué no incluir un elemento más creativo en la evaluación, como comisariar una exposición de un museo sobre un tema concreto? Esto daría al alumnado un gran margen para asimilar la complejidad de la materia.
En los últimos años se ha hablado mucho de materias STEM, es decir, de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, pero ... ¿hay sitio para la Historia en la era de los algoritmos? ¿Cómo convencemos a la sociedad de que las Humanidades son el complemento imprescindible para esa tecnología?
Creo que a menudo se nos vende la idea de que el futuro pertenece casi en exclusiva a las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), pero las asignaturas de humanidades no son sus rivales. Es todo lo contrario: materias como la Historia, Filosofía o Literatura hacen que la ciencia y la tecnología cobren aún más sentido en la sociedad actual.
Quienes se dedican a la ciencia y la tecnología no deberían plantearse únicamente «¿podemos construir esto?» o «¿cómo lo desarrollamos?», sino también «¿debemos construirlo?» o «¿qué impacto tendrá en la sociedad?». Y si hablamos de algoritmos, podemos crear todo tipo de códigos potentes, pero ¿de qué le sirve a la sociedad si no podemos debatir sobre la ética que enmarca ese algoritmo Un algoritmo que funciona con éxito pero propaga desinformación representa un fracaso.
Porque, seamos sinceros, las palabras y los relatos son probablemente los instrumentos más poderosos jamás inventados, y el estudiante de humanidades es el encargado de custodiarlos. La ciencia y la tecnología pueden cambiar el mundo, pero las humanidades preguntan: ¿cómo podemos asegurarnos de que esos cambios sean para mejor?
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