El título de tu taller es sugerente: "¿Es posible entrenar la felicidad?". Para aquellos padres que asocian la felicidad con algo que "sucede" o que se "da" a los hijos, ¿qué significa exactamente para ti entenderla como un entrenamiento?
Para mí la felicidad es un estado de armonía y plenitud interior, una actitud personal ante la vida, una forma de vivir y de sentir, que tiñe toda nuestra existencia. A lo largo de los años van surgiendo aliados y enemigos, -personas, situaciones, lugares, cosas-, que nos ayudan o dificultan ese estado, pero nadie nos la puede regalar, ni nadie nos la puede quitar. Por eso se puede entrenar y pienso que el mejor regalo que les podemos dar a los hijos son aquellas herramientas, a modo de valores, que les sirvan para que ellos mismos la puedan desarrollar en sus vidas.
Sueles decir que "no hay mejor acto de altruismo que estar bien uno mismo". ¿Crees que es posible entrenar la felicidad de nuestros hijos si nosotros, como padres, estamos agotados o estresados?
Por supuesto primero debéis cuidaros para poder dar lo mejor de vosotros a vuestros hijos y eso implica buscar elementos de recarga, tanto física como emocional, reconocer vuestras necesidades para estar bien y dedicaros tiempo. Cuando uno está bien emana bienestar, cuando uno está mal, emana malestar, esto es obvio, pero como adultos responsables del bienestar familiar, primero debéis conoceros bien y saber lo que necesitáis en cada momento.
Como centro escolar, nos interesa mucho el binomio familia-escuela. Desde el colegio, ¿cómo podemos apoyar ese "entrenamiento" que las familias inician en casa?
Aportando pautas y directrices claras y honestas sobre lo que funciona y lo que no. Es lo que pretendo aportar en mi taller para evitar equívocos muy extendidos y que muchas veces hacen el efecto contrario y pongo un ejemplo para que quede claro. Sabemos que la sobreprotección daña a nuestros hijos, que el quitarles las piedras del camino les ayuda en el momento, pero no a la larga, y sin embargo escucho muchas veces a los padres decir que no quieren que su hijo se frustre o se ponga triste, que ya tendrá tiempo cuando sea mayor. Craso error: hay que entrenarles desde bien pequeños en el manejo de la frustración, hay que enseñarles a saltar las piedras, no quitárselas de su camino.
En tus libros mencionas que la alegría se contagia, pero a veces los padres caemos en el interrogatorio del "¿qué tal en el cole?". ¿Qué dinámica de comunicación positiva nos sugieres para que los hijos deseen compartir su mundo interior con nosotros sin sentirse juzgados?
Les podéis preguntar cual ha sido el mejor y el peor momento del día, así se dan cuenta de que todos los días hay momentos fantásticos que recordar y hay otros que no nos gustan pero que quizás no hemos podido evitar. La escucha empática y atenta de sus emociones, sin juicio, les ayuda a sentirse comprendidos y así la comunicación seguirá fluyendo, aunque vayan cumpliendo años. Pero si ellos comparten con vosotros su mundo interior, también les gusta conocer el vuestro y por tanto, después de que os hayan contado esos dos momentos especiales, contadles los vuestros, les encantará.
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